Lejos de pretender resultar ofensivo  -vaya lo de “pobre” con todo el respeto-,  el titular que precede estas líneas no hace sino constatar una evidente realidad: a diferencia de lo ocurrido con su hermana mayor  -a la que se ha dedicado no poca literatura-,  de la norma australiano-neozelandesa AS/NZS 8016(Int):2010. Corporate governance of projects involving information technology investments apenas se ha oído hablar en el año que lleva en vigor.

¡Poco se ha escrito sobre ella! ¡Pocas charlas/conferencias se le han dedicado! Una búsqueda en Google de la cadena “AS/NZS 8016(Int):2010” arroja unos escuálidos 85 resultados. ¡Haga la prueba!

La publicación, en enero de 2005, de la norma australiana AS 8015-2005. Corporate governance of information and communication technology  , constituía el final de una etapa, iniciada cinco años atrás por un grupo de individuos preocupados y motivados pòr la aparición en el panorama corporativo y gubernamental australiano de una serie de escándalos económicos, en cuya génesis se encontraban determinadas inversiones  -dotadas de un notable componente tecnológico-  mal dirigidas y peor controladas.

Sin embargo, la aparición de la AS8015  -reeditada, en junio de 2008, como norma internacional ISO/IEC 38500:2008. Corporate governance of information technology, “pseudónimo”, por el que, hoy, es más conocida-  supuso, también, la apertura de una puerta a nuevos desarrollos normativos en ámbitos particulares del uso de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones. Dichos ámbitos se concretaban, particularmente, en dos: los proyectos de TI y las operaciones de TI.

Del segundo de aquellos, nada se ha vuelto a saber. Transcurridos seis años desde que la norma base  -AS8015-  viera la luz, no hay constancia de la publicación de resultado alguno sobre la gobernanza de las operaciones de TI  -supuesta AS8017-.  Cabe, en este sentido, pensar que los desarrollos habidos en estos años en los ámbitos de la gestión de los servicios de TI  -aparición de la serie de normas ISO/IEC 20000, en 2005, y sus recientes y actuales revisiones, unidas a la publicación de la tercera versión del modelo ITIL, en 2007-  hayan contribuido a frenar el ímpetu inicial de los promotores de la serie AS 801x. De confirmarse este extremo, habría que lamentarlo, por cuanto se estaría dejando pendiente de aclarar la, nunca suficientemente entendida, diferencia entre Gobernanza y Gestión, y, con ello, aquellos aspectos relativos a la toma de decisiones sobre los servicios de TI que reciben y sustentan las operaciones de negocio de las organizaciones. Estas últimas nada tendrían que decir  -asunto, en todo caso, más que discutible-  sobre cómo se operan los sistemas de información y de soporte al negocio; sin embargo, sí parece que debieran asumir un destacado protagonismo a la hora de decidir: qué servicios se han de recibir  -¿cuáles, por qué y para qué?-;  qué alcance habrían de tener tales servicios  -¿departamental o corporativo?-;  a qué coste  -¿qué dinero ha de dedicárseles, a juicio de la organización?-;  qué modelo de aprovisionamiento de dichos servicios conviene más al negocio  -¿interno o externo?-;  etc. ¡El tiempo despejará la incertidumbre sobre la AS8017!

Retomando el primero de los dos ámbitos citados más arriba, la materialización, hace un año, de la AS8016, publicada como norma provisional, permite ver con un mayor optimismo  -al menos, a priori–  las tareas de desarrollo normativo en torno a las inversiones en nuevas actuaciones, apoyadas significativamente en la tecnología; esto es, en torno a los que  -de forma simplificada, en exceso-  se denominan proyectos de TI.

Con un cierto paralelismo en relación a lo expuesto para las operaciones de TI, la elaboración de una norma sobre el gobierno corporativo de aquellos proyectos de negocio que impliquen inversiones en Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, ha supuesto dar un paso más allá de la mera gestión de proyectos  -disciplina suficientemente cubierta por modelos del sector como CMMI-DEV, PMBoK o PRINCE2 y otras normas-,  poniendo el acento, no en la ejecución de tales proyectos, sino en el beneficio que, para la organización, supondrá abordarlos.

Este enfoque centrado en el valor de las inversiones  -ya explorado por ISACA, en su modelo Val IT, desde 2006; ITIM, VMM o, más recientemente, MoV, son otros ejemplos-  favorece, asimismo, la ampliación de la perspectiva tradicional del Gobierno Corporativo, centrado en la conformidad y en el cumplimiento con normas y regulaciones, hacia un nuevo planteamiento que apunta a la contribución (rendimiento/rentabilidad) que, desde TI, se hace a los resultados del negocio.

Este nuevo discurso, centrado en términos como priorización de inversiones, gobierno del valorrealización de beneficios, etc., debería servir, además, para atraer, hacia la problemática que plantean las inversiones tecnológicas, a todos cuantos tengan responsabilidades en la dirección y control de las organizaciones. Lamentablemente, la poca atención que parece haber recibido la norma en su primer año de vida, crea serias dudas sobre el interés que haya podido causar, siquiera, entre los más fervientes seguidores de su hermana mayor.

¡No se sorprendan! ¡Sigue tratándose de mensajes que no van dirigidos a nosotros, los técnicos!

 

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Gobernanza de TI les acerca esta nueva prueba de la fecundidad literaria de Manolo Palao, en la que  -en el habitual formato de sus  “Texticulillos™“-  el autor vuelve a hacer gala de una aguda ironía al exponer sus reflexiones sobre ciertos aspectos del Control Interno; específicamente, sobre determinados mecanismos de control dirigidos, de forma inequívoca, a salvaguardar  -de su corrupción, o uso indebido-  la información y sus sistemas y tecnologías asociados.

Concluirá recordando cómo un uso descuidado  -negligente-  de tales artilugios de control será garantía, más que suficiente, de su fulminante pérdida de eficacia.

 

Texticulillo™ nº 11: DC y Auditoría de Sistemas (1)(2)

DC, para cualquier globalizado o globalizable  -o sea, la mayoría-,  es el apellido de Washington. No George Washington, sino Washington, DC.

DC, District of Columbia, es el único distrito federal de los EEUU. Aprobado por el Artículo 1 de su Constitución de 1787, éste autorizaba a constituir un reducido espacio federal para la capitalidad del estado. El 1 de diciembre de 1800 la capital se movió de Filadelfia, a su actual y maravilloso enclave, a orillas del Potomac.

Sin perjuicio de todo lo que “DC” ha dicho, y haya de decir, acerca de la ASITIC (3), lo que hasta ahora, histórica y prácticamente, importa es lo que viene diciendo ISACA (4)  -internacionalmente, la más reputada  entidad normalizadora en este campo-  desde su sede en Rolling Meadows, Illinois.

Pero el motivo de estas líneas es otro DC  -u otros , como se verá-.

Entre nosotros, DC significa, más generalmente, “dígito de control”.

Los  “caracteres de control”  -uno o varios; dígitos o no-  se suelen añadir, en posición predeterminada, a números o textos, que aquí llamaremos “códigos”, para comprobar que no ha habido error en su transcripción, transmisión o tratamiento. Suelen ser breves y fijos, en número de caracteres (5). Se computan con un algoritmo barato, pues su cálculo va a ser frecuente. Una vez que se tiene un código ampliado con sus caracteres de control, para validar el código se vuelven a calcular los caracteres de control que le corresponden y se comparan con los que llevaba el código ampliado. Si hay coincidencia, se entiende que el código no ha sido alterado. El algoritmo empleado debe satisfacer diversas características para impedir, o dificultar, que un código que sí ha sido alterado arroje los mismos caracteres de control que el original. Hay diversos algoritmos muy adecuados, entre ellos los que se usan para la “firma digital”.

Los ASITIC creemos que los DC son una técnica excelente y recomendable para validar datos de entrada en un sistema de información. Esto es particularmente importante cuando esos datos, como el DNI (6), pretenden ser datos clave  -identificadores únicos-  en una base de datos.

La redundancia  -los dígitos añadidos-  supone un coste extra en transcripción, tratamiento, transmisión y almacenamiento; pero está justificada por las ventajas que aporta.

Un número dígito es, en la numeración decimal, cualquiera de los caracteres comprendidos desde el ‘0’ al ‘9’, como confirma el Diccionario de la RAE. Ello prueba el encomiable trabajo de revisión de los académicos. La edición del Diccionario que yo tengo en mi estantería es del siglo pasado  -¡1970!-  y dice que número dígito es “el que puede expresarse con un solo guarismo; en la numeración decimal lo son los comprendidos desde el uno al nueve, ambos inclusive”, escamoteando así, no sólo un 10% de los dígitos, sino el esencial para una aritmética posicional.

[Aprovecho para prevenir al lector, que estuviera tentado, de que se limite a entrar en el diccionario por “número“, porque si se le ocurriese hacerlo por “dígito” se encontraría con la académica definición: “Cada una de las doce partes iguales en que se divide el diámetro aparente del Sol y el de la Luna en los cómputos de los eclipses.” …

… No es seguro, pero sí muy probable, que defender en público semejante definición de “dígito” pudiera acarrear a tal defensor tener que cambiar su modelo preferido de camisa por una con correas y las mangas atadas.]

Todo el que tenga y use una cuenta corriente bancaria, y ordene o reciba transferencias de otras, sabe probablemente que los dígitos  -de izquierda a derecha-  9º y 10º del “número de cuenta”  -o, más modernamente, los 13º y 14º del IBAN, el identificador internacional bancario-  son los dos DCs (aunque se les llama “el DC”).

Quienquiera que dé los datos de su DNI/CIF (7),  probablemente sabe que el último/primer carácter  -de nuevo, de izquierda a derecha, como buenos cristianos-  es el de control: una letra.

Lástima que, en el caso del DNI, esa fácil identificación única la haya desvirtuado la propia Administración al reasignar números de DNI a otras personas.

¿Es que no sabemos, o que no queremos? Porque los tratamientos son distintos.

 

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(1) Copyright 2002-2010, Manolo Palao, CGEIT, CISM, CISA, CobiT Foundation Certificate, Accredited CobiT Trainer.

(2) Publicado inicialmente en el invierno de 2002 a 2003 por la Asociación de Auditores y Auditoría y Control de los Sistemas y Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (ASIA)  -hoy, Capítulo 183 de ISACA-.

(3) Auditoría de Sistemas de Información y Tecnologías de la Información y las Comunicaciones.

(4) Antigua Asociación para el Control y la Auditoría de los Sistemas de Información (del inglés, Information Systems Audit and Control Association) con una audiencia objetivo que se extiende, en la actualidad, a todo profesional con intereses en torno a  las Tecnologías de la Información.

(5) Constituyen un hash (literalmente, triturado/picado, como la carne picada). En Informática, código resumen, resultado de la aplicación de una función homónima sobre un dato  -“código” en palabras del autor-  (documento, registro, archivo, …) original.

(6) En España, Documento Nacional de Identidad de las personas físicas, en referencia a su código de identificación  -el número de DNI-  que acaba con un carácter alfabético (una letra).

(7) En España, Código de Identificación Fiscal de las personas jurídicas, en referencia a su código de identificación  -el número de CIF-  que comienza con un carácter alfabético (una letra).

Como ya hiciera en anteriores ”Texticulillos™”, Manolo Palao ofrece, hoy, un repaso a ciertos principios generales  –responsabilidad, conformidad y comportamiento–  del Buen Gobierno Corporativo, volviendo a presentarlos en la figura del auditor de sistemas de información:

  • responsabilidad, por cuanto es el papel de aquel ofrecer, a los órganos de gobierno de la organización para la que desempeña su función, opinión, informada y contrastada, respecto del uso, rendimiento y estado de las tecnologías objeto de su encargo;
  • conformidad, dado que ha de ejecutar el citado encargo sujeto a directrices y normas generalmente aceptadas por/para la profesión; y,
  • comportamiento  -también, profesional, en este caso-,  tal y como dictan los códigos de ética profesional que le son de aplicación, en el desempeño de su labor.

¡Muchas gracias por haber seguido a Gobernanza de TI hasta esta décima entrega!

 

Texticulillo™ nº 10: San Agustín y la Auditoría de Sistemas (1)(2)

Hay sobrados motivos para reconocer los méritos y razones por los que San Agustín (354 – 430), obispo de Hipona  -actual Argelia-, ha pasado a la posteridad y a la vida eterna. Yo, modestamente, aceptaría que  -desde ese punto de vista-  este artículo no fuera una razón a considerar.

Sería imposible caracterizar plenamente, en espacio tan breve, a S. Agustín, Padre de la Iglesia. Con el método periodístico de los ‘flashes’ permítaseme presentar tres de ellos  -no necesariamente los más característicos-.

S. Agustín, en una época juvenil, mostró pertinaz entusiasmo por el trasvase del Mediterráneo  -con una tecnología ‘propietaria’, como ahora se diría-.  Si bien el éxito ingenieril de su empeño no está documentado, sí lo está  -y ampliamente-  su éxito teológico.

Dedicó una considerable reflexión a describir la naturaleza y el papel de la mujer en este mundo; pero, considerando lo que, actualmente, se tiene por ‘políticamente correcto’, me refreno aquí de ir más allá de esta alusión. Dudo que haya llegado a constituirse una ‘asociación de damnificadas’ pero cualquier lectora/lector puede pedirme algo más de información; y, a lo mejor, deciden montarla [la asociación].

S. Agustín ha sido ampliamente citado por su mística frase  -en sus “Confesiones“-  (referida a Dios): “… et amet non inveniendo invenire, potius quam inveniendo non invenire te” [… y prefiero, no buscándote, encontrarte, antes que, buscándote, no encontrarte]  -Liber Primus, Cap. VI, 6.10-.

Ignoro si los ASITIC (3) tienen un santo patrón  -ni falta que les hace, en los tiempos que corren-;  pero me temo que  S. Agustín, con todas sus cualificaciones, no podría ser un candidato.

El Código Deontológico (4) de ISACA  -la asociación de los profesionales del control y la auditoría de los sistemas de información (5)-  y su Directriz 030.020.020 (6) exigen a sus miembros  -y recomiendan a todos los ASITIC-  la “debida diligencia profesional en el ejercicio de sus funciones”  -el nivel normalmente ejercido por los profesionales en esa materia-.

De ese modo, se les insta a buscar evidencias de una forma profesional, objetiva e independiente, programada, metódica, reproducible  -en lo posible-,  basada en la consideración del riesgo, realizando pruebas de cumplimiento y, en su caso, pruebas substantivas, y ateniéndose a las mejores prácticas reconocidas.

Si, tras ello, no encuentran evidencias adecuadas … ¡estará de la mano de Dios!

 

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(1) Copyright 2002-2010, Manolo Palao, CGEIT, CISM, CISA, CobiT Foundation Certificate, Accredited CobiT Trainer.

(2) Publicado inicialmente en el invierno de 2002 a 2003 por la Asociación de Auditores y Auditoría y Control de los Sistemas y Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (ASIA)  -hoy, Capítulo 183 de ISACA-.

(3) Auditor(-es) de Sistemas de Información y Tecnologías de la Información y las Comunicaciones.

(4) La versión más actualizada del Código de Ética Profesional de ISACA puede consultarse en la siguiente dirección-e: http://www.isaca.org/Membership/Code-of-Professional-Ethics/Pages/default.aspx.

(5) Si bien, como indica el autor, el objetivo fundacional de la Asociación fue atender las necesidades de sus miembros  -profesionales del control interno y de la auditoría de los sistemas de información-,  en los últimos años, aquella ha ampliado su audiencia objetivo, dirigiendo su actual oferta de servicios a todo profesional con intereses en torno a  las Tecnologías de la Información.

(6) El autor hace referencia aquí a la codificación de Directrices de Auditoría vigente en aquella época (2002-2003). Hoy, dicha referencia ha quedado sustituida por la directriz G7. Due Professional Care de ISACA.

Presumiblemente, con este texto de 2002, Manolo Palao introducía, por vez primera, en la bibliografía en español sobre TI, el término ‘gobernanza‘. Algunas traducciones de documentos en inglés de la época habían optado, hasta entonces, por variantes como ‘gobernabilidad‘, o, directamente, ‘gobierno‘.

El citado hecho convierte en perfectamente prescindible, al menos por hoy, la breve introducción  -justificación, casi-  con que Gobernanza de TI acompaña la publicación de cada nuevo ”Texticulillo™”.

 

Texticulillo™ nº 9: El Burro Flautista y la Auditoría de Sistemas (1)(2)

Si hay un antes y un después en la Auditoría de Sistemas de Información y Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (ASITIC), ese momento lo marca la publicación, en 1996, de CobiT.

CobiT es un instrumento de gobernanza (3) de los SITIC puesto a disposición de directivos y auditores para facilitar el buen gobierno y el control de los sistemas de que se ocupan.

Es promovido y gestionado por el IT Governance Institute (Instituto para la Gobernanza de los SITIC), a su vez, parte de ISACA, la asociación de los profesionales del control y la auditoría de los sistemas de información (4).

Actualmente en su tercera edición (5) y con una dinámica de crecimiento y mejora continuados, una gran parte de CobiT se ha constituido en “norma abierta”  –open standard-,  que cualquier interesado puede descargar (http://www.isaca.org/cobit) y adaptar a su circunstancia.

No cabe, en este espacio, una descripción pormenorizada de CobiT y sus ventajas.  Cualquier lector interesado puede encontrar más detalles en el sitio web indicado. Quiero limitarme a señalar algunos aspectos que me parecen de particular relevancia.

El giro copernicano que CobiT ha supuesto es que ha planteado la gestión de la totalidad de los SITIC al servicio de la empresa  -u organismo-  dando realidad así, en esta área más modesta, a la famosa exclamación de ‘le Tigre’ Clemençeau (1841-1929): “¡La guerra es demasiado importante para dejarla en manos de los militares!”.

CobiT, con ese enfoque al servicio de la empresa se orienta a “objetivos y procesos de negocio”  -como, por ejemplo, la custodia de los activos-.

Contempla siete criterios básicos acerca de la información: eficacia, eficiencia, confidencialidad, integridad, disponibilidad, cumplimiento de la normativa y fiabilidad.  Considera cinco grandes recursos SITIC: personal, aplicaciones,  tecnología, instalaciones y datos (6).

Se estructura en cuatro grandes áreas  -Planificación y Organización, Adquisición e Implantación, Prestación del Servicio y de la Asistencia, Monitorización-  que contienen treinta y cuatro procesos  -“objetivos de control de alto nivel”-,  que se desglosan en trescientos dieciocho “objetivos de control específicos” (7), por debajo de los cuales el ASITIC puede establecer sus propios “objetivos de detalle” (incluyendo las checklists  -listas de comprobación-  y pruebas que considere adecuadas).

CobiT es general, sin acepción de plataforma o de sector industrial.

Pero CobiT no está fundamentalmente destinado al ASITIC. CobiT es un Marco de Referencia para la buena gestión  -gobernanza-  de los SITIC. Contiene los citados Objetivos de Control, unas Directrices para Gestores y otras para Auditores.

CobiT podría leerse como las clásicas ‘cantigas de amigo paralelísticas’  en que los mismos versos están destinados alternativamente a él y a ella. Una lectura contiene las recomendaciones  -y esto es, en nuestra opinión, lo más importante-  de gobernanza para los directivos de la empresa y de los SITIC; otra lectura, las correspondientes a los ASITIC.

CobiT ha consultado  -y reitera el compromiso de seguir manteniendo actualizada la correspondencia con-  nada menos que cuarenta y una normas  –de facto y de iure–  internacionales sobre la materia; entre ellas, COSO, Cadbury, COCO o King.

Animo a todos  -directivos, técnicos y auditores-  a que se familiaricen más con el contenido, la estructura y las posibilidades de CobiT. No sorprende la aceptación internacional, ‘en bola de nieve’, que CobiT ha tenido; ni su adopción por empresas y organismos destacados. Se ha predicho  -en un estudio del META Group, de 2001-  que “para 2002-03, más del 30-40 % de las empresas del Global 2000 que desplieguen nuevas tecnologías y entren en nuevos mercados […] habrán adoptado un modelo similar a CobiT […]”.

Como dice ISACA: “La gobernanza de los SITIC es un buen negocio”.

Para terminar, como advertencia a quienes, por casualidad, puedan pretender realizar una ‘auditoría informática’, simplemente armados de una mera checklist, vaya el último verso de la fábula ‘El Burro Flautista’ de Tomás de Iriarte (1750-1791), publicada en 1782:

Sin regla del arte,
borriquitos hay
que una vez aciertan
por casualidad”.

 

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(1) Copyright 2002-2010, Manolo Palao, CGEIT, CISM, CISA, CobiT Foundation Certificate, Accredited CobiT Trainer.

(2) Publicado inicialmente en el invierno de 2002 a 2003 por la Asociación de Auditores y Auditoría y Control de los Sistemas y Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (ASIA)  -hoy, Capítulo 183 de ISACA-.

(3) Nota de Manolo Palao: Voz recogida en el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua (DRAE). En su segunda acepción, sustantivo femenino anticuado, acción y efecto de gobernar o gobernarse.

(4) Si bien, como indica el autor, el objetivo fundacional de la Asociación fue atender las necesidades de sus miembros  -profesionales del control interno y de la auditoría de los sistemas de información-,  en los últimos años, aquella ha ampliado su audiencia objetivo, dirigiendo su actual oferta de servicios a todo profesional con intereses en torno a  las Tecnologías de la Información.

(5) El modelo CobiT vio la luz en su 3ª Edición en julio de 2000, para ser sustituido, en noviembre de 2005, por CobiT 4.0. Actualmente, y desde abril de 2007,  la versión en vigor es la 4.1, a la espera del, ya próximo, CobiT 5.

(6) CobiT 4 redujo los recursos de TI a cuatro grupos: personas, aplicaciones, información e infraestructuras.

(7) De nuevo, el autor ofrece una descripción de la versión de CobiT vigente en aquella época (2002). Las ediciones posteriores redujeron levemente el número total de “objetivos de control específicos”, colocándolo en torno a los dos centenares.

Gobernanza de TI se complace en presentarles un nuevo producto de la factoría Palao. Octava entrega de la serie “Texticulillos™”, correspondiente a 2002, mantiene plenamente su vigencia, a pesar del tiempo transcurrido. Las variadas situaciones que definen la coyuntura en la que hoy toca vivir  -crisis económica, de valores, desastres naturales y de otra índole, etc.-  son garantía suficiente de la máxima actualidad de un tema escogido hace casi una década: el riesgo.

Visto, como viene siendo habitual en los textos de aquella primera época, desde la perspectiva de la Aditoría de los Sistemas de Información, Manolo hace un repaso de los peligros que pueden amenazar la labor de los auditores y, por ende, la toma de decisiones de los receptores de las opiniones  -juicio profesional-  de aquellos: los miembros de los órganos de gobierno de las organizaciones, destinatarios últimos del resultado de la labor auditora.

La identificación, gestión y mitigación de tales riesgos, y de otros muchos asociados al uso de las Tecnologías de la Información, constituyen, por definición, un pilar fundamental  -aunque no exclusivo-  de cualquier aproximación, generalmente aceptada, a la Gobernanza de TI.

 

Texticulillo™ nº 8: Riesgo y Auditoría de Sistemas (1)(2)

El ASITIC (3) profesional sujeta su trabajo a normas profesionales.

Internacionalmente, la más reputada entidad normalizadora en este campo es ISACA, la asociación de los profesionales del control y la auditoría de los sistemas de información (4).

La Directriz 030.010.010, de ISACA, de 1 de septiembre de 2000 (5), “Uso de la Evaluación de Riesgos en la Planificación de la Auditoría“, trata de la “orientación al riesgo” en la auditoría profesional.

Las líneas que siguen proponen una reflexión sobre diversos aspectos de este tema.

En la vida, en las empresas, y en las auditorías, hay muchos riesgos. Prevenirlos, detectarlos, compensarlos o evitarlos está en el interés de todo quien va por derecho.

En nuestro caso, probablemente el riesgo más importante es el que corre el cliente generalizado  -la propia empresa auditada, terceros interesados (accionistas, clientes, proveedores) o la Sociedad en general-  del ASITIC, de tomar por bueno un informe malo. Ese es el denominado riesgo de la auditoría: el de dar una opinión incorrecta, induciendo, así, a error, a otros.

Dicho riesgo, en la práctica, no se puede medir (aunque en algunos casos, sí se puede estimar). A la postre, está acotado por la solvencia que el ASITIC nos merezca  -de ahí la importancia de que esté certificado-.

El ASITIC ejerce en la planificación de la auditoría su juicio discrecional, su criterio educado y basado en prácticas generalmente aceptadas. Es, probablemente, en esta fase inicial, donde hay más riesgo  -de exclusión de un área significativa, por ejemplo, o de inclusión de una irrelevante-.

El principio, generalmente usado, para planificar el ‘mapa’ de la auditoría es el de materialidad o importancia relativa  -volumen económico, respecto de todo el negocio, de esa área o de los riesgos que sobre ella gravitan-.

Los riesgos se suelen calcular como la esperanza matemática (producto de la probabilidad del siniestro por sus consecuencias económicas).

La métrica de la ‘materialidad’ es burda, pues ignora dimensiones  -no exclusiva ni directamente económicas-  de los siniestros, como pérdidas de vidas humanas o medioambientales, por citar casos extremos.

El estimador de la ‘esperanza matemática’ es también rudimentario. Es fácil de calcular en problemas de examen de bachillerato (“Mi tejado cuesta 30.000 €; he de reponerlo cada 10 años; ¿cuál es mi coste anual en tejados? [ignorar intereses e inflación]”); pero es mucho más difícil aplicarlo a un sistema (conjunto de elementos). La mera adición, elemento a elemento, es quizás abordable; pero, entonces, se ignoran los posibles antagonismos o sinergias de los controles.

Hay un sinnúmero de metodologías y paquetes informáticos para evaluación de riesgos. Muchos tienen aspectos apreciables; pero todos adolecen de la necesidad de intervenciones cruciales subjetivas y, los más sofisticados y caros, del inevitable alto ruido en los datos de entrada.

Estamos aún en una situación de alquimia, pero eso es lo que tenemos. Mi recomendación personal es mantenerse  en los niveles más sencillos y, en todo caso, antes de seguir, traspasar al decisor último  -¿el Consejo de Administración?-  la ratificación de las valoraciones realizadas.

Realizada por el ASITIC la planificación de la auditoría, con criterios de riesgo, éste procede a la auditoría de las diferentes áreas. Al efectuarla, debe tener presentes otros riesgos posibles.

El riesgo inherente a un área es la susceptibilidad de la misma a un error material  -por sí mismo, o en combinación con otros-  suponiendo que no hubiera los correspondientes controles internos.
 
El riesgo de control en un área es el de que pudiera tener lugar un error material que  -por sí mismo, o en combinación con otros-  no fuera prevenido/detectado/corregido, oportunamente, por el sistema de Control Interno.
 
El riesgo de detección es el de que las pruebas substantivas del ASITIC no detecten un error que pudiera ser material  -por sí mismo, o en combinación con otros-.

Parece claro que es un viaje proceloso. Al menos, se vislumbran algunos faros en el horizonte. Pero no es un viaje para aficionados.

 

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(1) Copyright 2002-2010, Manolo Palao, CGEIT, CISM, CISA, CobiT Foundation Certificate, Accredited CobiT Trainer.

(2) Publicado inicialmente en el invierno de 2002 a 2003 por la Asociación de Auditores y Auditoría y Control de los Sistemas y Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (ASIA)  -hoy, Capítulo 183 de ISACA-.

(3) Auditor de Sistemas de Información y Tecnologías de la Información y las Comunicaciones.

(4) Si bien, como indica el autor, el objetivo fundacional de la Asociación fue atender las necesidades de sus miembros  -profesionales del control interno y de la auditoría de los sistemas de información-,  en los últimos años, aquella ha ampliado su audiencia objetivo, dirigiendo su actual oferta de servicios a todo profesional con intereses en torno a  las Tecnologías de la Información.

(5) El autor hace referencia aquí a la codificación de Directrices de Auditoría vigente en aquella época (2002-2003). Hoy dicha referencia ha quedado sustituida por la directriz G13. Use of Risk Assessment in Audit Planning de ISACA.

Cuando Manolo Palao autorizó la reedición de sus “texticulillos” a través de las páginas de Gobernanza de TI acompañó ese generoso gesto de una adicional propuesta: actualizarlos, en el sentido de “evolucionar” las referencias explícitas a la disciplina de la Auditoría de Sistemas, sustituyéndolas por otras nuevas que apuntasen hacia el verdadero objeto de esta bitácora: el Gobierno Corporativo de TI.

Su oferta fue rechazada. Y, ello, por dos motivos:

  • por un lado, por tratarse de una propuesta no libre de esfuezos que iba a requerir, no sólo un cambio en los títulos, sino una revisión y adaptación de los numerosos textos  -¡Uds. no han conocido, hasta ahora, más que una mínima parte!-.  A juicio de Gobernanza de TI el mero hecho de la cesión del material ya constituía suficiente motivo de agradecimiento, sin falta de exigir de su autor original peajes extra; y,
  • en segundo lugar, porque existía la confianza en que el lector  -de nuevo, Uds.-,  aún no siendo un auditor, entendería sin dificultad la labor de éstos en un marco general de Gobierno Corporativo de TI, como instrumento integrante del sistema de garantía sobre el buen uso de las TIC, en el seno de las organizaciones. Esto es, porque tenía pleno sentido hablar de la Auditoría de Sistemas dentro de un discurso general de Buen Gobierno Corporativo de TI.

Estas justificaciones, válidas para los “texticulillos” de la primera época (2002-04)  -casi todos-,  se complementan, en el caso del texto de 2002 presentado hoy, con una tercera motivación: ¿para qué cambiar nada, si, en realidad, estamos hablando de lo mismo? En palabras del propio Palao: “… donde ayer la coyuntura nos llevó a hablar de ‘Auditoría de Sistemas’ (era el tema de moda), hoy hablaríamos de ‘Buen Gobierno’ (constituye la moda actual)“.

No puede ser más cierto. La referencia explícita de “Fraude y Auditoría de Sistemas” a la necesidad de establecer mecanismos de control interno conduce al origen mismo del concepto de Buen Gobierno Corporativo,en general, y “de TI”, en particular; tal y como recuerda la norma ISO/IEC 38500:2008. Corporate Governance of Information Technology, al mencionar el Informe Cadbury  -y, por extensión, a todos cuantos le siguieron-  como génesis de los principios de Buen Gobierno que la propia norma recoge.

Sin mencionarlos  -la norma no existía en 2002; los principios, aunque no se apliquen, han existido siempre-  el autor hace un detallado repaso del papel de los principios generales de responsabilidad y de conducta humana en la aparición de fraudes en torno al [mal]  uso de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones.

 

Texticulillo nº 7: Fraude y Auditoría de Sistemas (1)(2)

El  fraude y otros actos ilícitos, o irregulares, en los sistemas de información de empresas y organismos son motivo de alarma social, por su volumen conocido  -y eso es sólo la punta del iceberg-,  por su aparente simplicidad y por su vertiginoso crecimiento.

En estas líneas voy a soslayar datos cuantitativos detallados, que los hay  -una de las mejores fuentes es el FBI-.  Cerca de 2/3 de los fraudes y otros actos ilícitos, o irregulares, en informática, los comete el propio personal de las empresas y organismos. Por eso me concentraré en el fraude interno, dejando para otra ocasión los ‘ataques externos’.

Podría esperarse que el Auditor de Sistemas de Información y de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (ASITIC) fuera un eficaz preventor-detector de esos casos.

Sobre la prevención no dispongo, ni es fácil disponer, de información, aunque cualquiera familiarizado con el tema convendrá en la elevada contribución potencial del ASITIC.

Por lo que respecta a las detecciones, la mayoría de los fraudes se detectan por casualidad.

Ciertamente, un buen control interno  -el entramado de políticas y procedimientos que hacen que la empresa funcione como desean quienes pueden legítimamente decidirlo (3)-,  ‘vigilado’ por un ASITIC, prevendrá muchos fraudes internos y facilitará la detección de los que se comentan.

Entre las medidas de control interno recomendables, destacan dos de gestión del personal: la segregación de funciones y la sustitución temporal planificada de puestos de trabajo.

La segregación de funciones impide que una misma persona pueda simultanear dos funciones incompatibles  -su co-ejercicio implicaría una debilidad de control o un riesgo-.  El ejemplo clásico es el de cajero y contable. Tampoco se puede ser programador y operador. Una buena segregación de funciones previene el fraude, pues para realizarlo hace falta colusión (que varios se pongan de acuerdo), lo que lo hace más difícil.

La sustitución temporal planificada de puestos de trabajo supone, según ciertas estadísticas, la causa singular más frecuente de detección de fraudes internos  -¡por encima de los hallazgos de los auditores !-.

En su modalidad más sencilla  -tantas veces descuidada en España-  se materializa en vacaciones planificadas. Otra modalidad (que puede debilitar la segregación de funciones) es el fomento de la polivalencia y la rotación planificada de puestos.

Una buena gestión de personal (selección, evaluación, promoción, retribución, motivación) constituye parte de los ‘controles generales’ necesarios. Un clima de confianza es muy positivo; ¡pero no es un control!.

Los anteriores ejemplos de medidas de control interno pueden resultar muy difíciles de implantar en las PYMEs: no hay cabezas físicas para tantos sombreros. En estos casos hay que diseñar ‘controles compensatorios’ a las debilidades inevitables. Ejemplo de esos ‘controles compensatorios’ pueden ser arqueos, cuadres manuales, inventarios, pistas de auditoría, etc.

En las PYMEs  -como en los pueblos, comparados con las ciudades-  puede operar mejor el ‘control social’. Éste se manifiesta de muchas formas: identificación de actividades extrañas de una persona que trabaja en nuestro mismo recinto de trabajo; identificación de cambios en actitudes y comportamientos; identificación de un tren de vida sospechoso, etc.

Los ASITIC tienen formación y experiencia profesional idóneas para la recomendación y evaluación de esos tipos de controles. Sin embargo, la detección de fraudes no está entre sus principales misiones.

En EEUU, las Normas de Auditoría Generalmente Aceptadas (del inglés, GAAS, Generally Accepted Audit Standards) no están diseñadas para detectar el fraude, y de hecho, fue sólo hace unos pocos años cuando el Instituto Americano de Contadores Públicos Certificados (AICPA, The American Institute of Certified Public Accountants) en su Declaración sobre Normas de Auditoría (SAS, Statement on Auditing Standards) nº 82 introdujo por primera vez la palabra “fraude” en la regulación de la auditoría de cuentas.

Según la Directiva 030.010.010 (4), de 1 de julio de 2002, de la Asociación para la Auditoría y el Control de los Sistemas de Información (ISACA, Information Systems Audit and Control Association) el ASITIC que detecta un presunto fraude o acto ilícito  -sólo el juez determina qué es fraude o qué es ilícito-  debe ponerlo, inmediatamente, en conocimiento de su jefe o cliente (que, se supone, son miembros de la Alta Dirección), o de una persona u órgano interno superiores a ellos, si se sospecha que puedan estar implicados.

Deberá abstenerse, salvo que la ley local u otras normas o acuerdos le obliguen a ello, de denunciarlo ante las autoridades. Será la Alta Dirección quien lo haga, procurando minimizar el impacto negativo sobre la entidad. En todo caso, la Directiva aconseja al ASITIC prudencia y el recurso precoz a asesoría jurídica.

Es de prever que la normativa sobre investigación de fraudes e información sobre los hallazgos sea revisada pronto.

 

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(1) Copyright 2002-2010, Manolo Palao, CGEIT, CISM, CISA, CobiT Foundation Certificate, Accredited CobiT Trainer.

(2) Publicado inicialmente en el invierno de 2002 a 2003 por la Asociación de Auditores y Auditoría y Control de los Sistemas y Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (ASIA)  -hoy, Capítulo 183 de ISACA-.

(3) La definición ofrecida en este punto del concepto de ‘Control Interno‘ dista poco, a juicio de “Gobernanza de TI“, de la que podría hacerse de la expresión ‘Gobierno Corporativo de TI‘, en tanto que sistema de dirección  -establecimiento de directrices-  y control  -supervisión-  del que deberían valerse las personas a cargo de las organizaciones (las personas con potestad para la toma de decisiones).

(4) El autor hace referencia aquí a la codificación de Normas y Directrices de Auditoría vigente en aquella época (2002-2003). Hoy dicha referencia ha quedado sustituida por la norma S9. Irregularities and Illegal Acts y por la directriz G9. Audit Considerations for Irregularities and Illegal Acts de ISACA.

El pasado mes de febrero, ISACA puso en marcha su estudio ‘Barómetro 2010‘, dirigido a conocer la opinión de sus miembros sobre el riesgo  -y, respectivamente, la contribución-,  de las TI para sus organizaciones. Los resultados, ofrecidos por regiones, comenzaron a ver la luz en los meses siguientes. En mayo ya se conocían los datos correspondientes a Europa, EEUU e Hispanoamérica.

El estudio partió de las respuestas obtenidas a través de una encuesta que contó con la participación de cerca de 4.000 profesionales (1). Los cuestionarios recogían en torno a una docena de preguntas sobre la, mayor o menor, aversión de las organizaciones hacia el riesgo ligado al uso de las TI; y sobre las actividades contempladas para mitigarlo.

Es reseñable el hecho de que, entre la mencionada, y breve, relación de cuestiones  -todas ellas de carácter general-,  ISACA haya considerado pertinente incluir dos dedicadas, de manera más específica, al tema de la “computación en la nube” (del inglés, cloud computing). Tal vez, ello sea indicativo del potencial  -o, al menos, del interés-  que la Asociación advierte en esta “nueva” línea de actividad. Potencial que, a la vista de los resultados del estudio y para asombro de más de uno, no parece ser percibido en la misma medida por los profesionales del sector:

  • preguntados sobre el equilibro riesgos/beneficios, sólo un 15% de los encuestados declararon ver más beneficios que riesgos, para sus organizaciones, en la traslación de servicios de TI a la nube; e,
  • interrogados sobre los planes, a corto plazo, de sus propias organizaciones en relación a la adopción de prácticas de computación en la nube, un incontestable 59% afirmó no disponer, o no conocer la existencia, de plan alguno a este respecto; dato al que habría que añadir otro 16% correspondiente a aquellos que declararon estar aún en fase de evaluación de dicha posibilidad.

El hecho de que los anteriores datos reflejen la opinión de profesionales “iniciados” en el mundo TI, no resulta muy halagüeño a la hora de pensar en la orientación que podrán tener las decisiones de aquellos sujetos a quienes, dentro de las organizaciones, corresponda decir la última palabra en favor, o no, de esta “nueva” forma de aprovisionamiento de servicios de TI.

Habrá que confiar en la eficacia de iniciativas como las promovidas por la Cloud Security Alliance (CSA), cuyo capítulo español, CSA-ES, ha visto la luz, también, en este primer semestre del año 2010.

De momento, como algún responsable de TI ha confesado, recientemente, en la intimidad: “el cielo puede esperar“.

 

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(1) Datos a junio de 2010, correspondientes a las encuestas europea (1.546 encuestados), estadounidense (1.809 encuestados) e hispanoamericana (433 encuestados).