La información es, sin duda, el elemento clave para el desarrollo exitoso de las estrategias corporativas en la empresa de hoy. Disponer de una información fiable, precisa y de calidad constituye la premisa de partida para una toma de decisiones que ha de garantizar mayores tasas de crecimiento y rentabilidad, innovación y competitividad, particularmente en la presente coyuntura socio-económica. Como consecuencia, las tecnologías que sustentan, tratan y generan dicha información han alcanzado una relevancia que se hace, a todos los efectos, innegable para el actual mundo corporativo.

Ya no cabe plantearse un escenario en el que la información, y sus tecnologías afines, no formen parte de un conjunto en el que se encuentran otros activos clave como los recursos humanos, los financieros, la propiedad intelectual, las infraestructuras o las relaciones, internas y externas; sobre los cuales nadie se atrevería a arrojar ninguna duda. Ya no cabe, por tanto, plantearse un escenario en el que las Tecnologías de la Información, y la información misma, estén alejadas de los marcos de dirección y control al más alto nivel, dentro de las corporaciones.

Asi parecen corroborarlo las últimas tendencias normativas  -principalmente en la órbita anglosajona-,  relativas al Gobierno Corporativo. La publicación, ya en 2005, de la norma australiana ‘AS 8015-2005. Corporate governance of information and communication technology’ o la reedición, hace tan sólo unos días, del ‘King Code of Governance Principles’ (versión sudafricana del español Código Conthe), ubican explícitamente la responsabilidad última sobre el uso de estas tecnologías en manos de los consejos de administración de las organizaciones; y marcan con notable nitidez la línea que habrá de seguir el futuro desarrollo de este tipo de regulaciones.

Exponente destacado de la citada corriente está siendo la norma ‘ISO/IEC 38500:2008. Corporate governance of information technology’, cuyo principal mérito reside en el hecho de haber sido la primera de alcance internacional en tratar este tema. La norma identifica una serie de principios generales  -responsabilidad, estrategia, toma de decisiones sobre las inversiones y conducta humana-,  que han venido a sumarse a los tradicionales motores del Buen Gobierno: la búsqueda de un mayor rendimiento (traducido en una mayor visibilidad interna) y la necesaria conformidad normativa (entendida, principalmente, como un incremento de la transparencia hacia el mercado y hacia los diferentes grupos con intereses en la organización).

Los máximos responsables de su organización, ¿encajarían, con facilidad, la anterior argumentación?

¡Demuéstrelo!